Caso práctico de Importación a través de Intermediario

A continuación sigue un relato real de una compra que empezó como una importación de un coche a través de un intermediario. Se trata de un ejemplo que explica muy bien cuál es el riesgo que se tiene si uno pone su confianza en el intermediario equivocado. Con este relato, no pretendemos decir que todos los intermediarios funcionen de esta forma, pero es importante tener presente que este tipo de situaciones se puede dar. Por ello, es especialmente importante que, antes de hacer una compra a través de un intermediario, tenga referencias personales sobre el intermediario o que se lo haya recomendado otra persona que haya utilizado sus servicios previamente. Si lo hace así y da con el intermediario adecuado, su ayuda y asesoramiento le resultarán de gran ayuda y le simplificarán mucho la compra del coche.
El relato original lo puede encontrar en este enlace. Relato Original.
La relación de los hechos es algo como lo siguiente:

  • Llegada a Bruselas: Tras decidirse a importar un vehículo, y decantarse por la fórmula de un intermediario, toma un avión dirección Bruselas. En el avión habla con su compañero de asiento que importa coches de manera habitual, y quien le advierte de los peligros de los intermediarios. Sin embargo, nuestro hombre prefiere no hacer caso.
    El intermediario le recoge en el aeropuerto y le lleva al hotel (elegido por éste). Es un hotel alejado del centro por lo que nuestro hombre dependerá del intermediario para cualquier desplazamiento.
    Durante la comida, el intermediario llama a varios anuncios particulares de venta de coches, pero resulta que todos están ya vendidos, con lo que ambos acuerdan darse una vuelta por los concesionarios al día siguiente.
  • ‘De concesionarios’: El intermediario lleva a nuestro hombre a un barrio periférico (‘Anderlecht’) donde están concentrados todos los concesionarios. En la zona hay muchos hoteles, pero el intermediario dice que estaban todos completos, por lo que no ha podido alojar a nuestro hombre en ellos.
    En las tiendas hay varios modelos similares al que nuestro hombre está buscando y los precios, en general, son más baratos que en España. Llegada cierta hora, el intermediario dice que es mejor parar porque las tiendas van a cerrar, pero nuestro hombre insiste en seguir aprovechando el día, así que el intermediario ofrece un concesionario conocido suyo, aunque algo más alejado. Nuestro hombre acepta.
    Al final del día, nuestro hombre se encuentra con cuatro opciones. Tres vehículos en los concesionarios de ‘Anderlecht’ y otro en el concesionario del amigo del intermediario.
    Cenando, éste le indica a nuestro hombre que la mejor opción es la de su amigo, porque es el que más confianza le da.
    Después de la cena, se despiden, y nuestro hombre se queda por el centro tomando algo. Aprovecha para comprar un periódico de compra-venta de vehículos, y allí ve gran cantidad de ofertas.

Durante el día anterior, nuestro hombre y el intermediario habían quedado en regresar al concesionario del amigo del segundo para poder probar el vehículo. El mayor problema de este coche es que es de color violeta con lo que no es muy atractivo.

Los acontecimientos prosiguieron así:
  • La prueba del vehículo: Se desplazan al concesionario del amigo del intermediario para probar el vehículo. El dueño se retrasa y nuestro amigo aprovecha para instar al intermediario a que llame a los anuncios del periódico que compró la noche anterior. Éste, contrariado, se aleja de nuestro amigo para realizar las llamadas.
    Al rato, llega el dueño de la tienda, pero no pueden probar el vehículo todavía. Nuestro amigo le pide la documentación del coche, pero no está completa. Mientras tanto, el intermediario le comenta a nuestro amigo que no ha sacado nada en claro de las llamadas, o bien estaban vendidos, o bien estaban pasados de precio.
    Finalmente, hacen la prueba, pero conduciendo el dueño del concesionario. Al volver a la tienda, éste insiste en cerrar el trato, pero nuestro amigo se planta con tres condiciones: probar el vehículo el mismo, tener toda la documentación en regla, y que la cantidad pagada aparezca en factura (el dueño del concesionario había pedido una parte en ‘negro’).
  • El desenlace: Ante esta petición de nuestro amigo, el dueño del concesionario decide cancelar el negocio y se despide. El intermediario traslada a nuestro amigo de vuelta al hotel, y en el camino le exige el pago de la comisión pactada.
    Sin embargo, nuestro amigo alude a la falta de compra para no pagar la comisión pactada, y le ofrece una cifra por las molestias. El intermediario la toma, para el vehículo y obliga a nuestro amigo a bajarse. Acto seguido se marcha sin mediar palabra.
  • La paradoja: Una vez en el hotel, nuestro amigo se marcha al centro para desconectarse y allí encuentra un bar español. Entra y el camarero, un inmigrante español, llama a los anuncios del periódico y todos los vehículos están disponibles.
    Tras varias llamadas, nuestro amigo consigue el vehículo que estaba buscando en apenas un par de días.

Fuente: Personales